EL DOCENTE DE MATEMÁTICA, CREADOR DE CREADORES: POR JOSÉ RIVERA
EL DOCENTE DE MATEMÁTICA, CREADOR DE CREADORES
Por: José Daniel Rivera C.
Profesor de Matemática, Colegio San Vicente de Paúl, Santiago de Veraguas
email: riverjose23@gmail.com
La tarea diaria como docente conlleva muchas aristas
que contemplar: desde que se levanta de su cama y se pone de pie es una
consecución de eventos y momentos que le ayudan a ser una mejor persona día con
día, instante a instante, se ve implícitamente su tarea de educar en cada
acción que ejecuta con sus cinco sentidos. Es un constante quehacer que no
conoce hora de salida o edad para un finiquito.
Porque toda circunstancia en la que un educador, no
importa el grado o especialidad que está capacitado, es un momento para ser
transmisor de saberes. Podría resaltar que la postura física, la mirada, los gestos
o ademanes, en resumen, con su sola simple presencia en cualquier entorno es un
primer indicativo de sus virtudes, cualidades y características de la cual hace
testigo a sus estudiantes en su labor diaria.
A todo lo anterior se le añade el lenguaje verbal que
el docente es capaz de alcanzar a utilizar, tanto el vocabulario técnico que
debe emplear para darse a entender en su especialidad como el que utiliza para
dirigirse a sus alumnos y al resto de los miembros de la comunidad educativa a
la que pertenece. Todos estos elementos en su sumatoria, a mi criterio, en
complemento uno con otro, hacen que la labor docente tenga éxito y rinda los
frutos esperables.
Y es que, para hacer posible el uso de técnicas,
recursos, estrategias y herramientas didácticas presupone que este lenguaje
verbal y no verbal tenga cierto nivel de altura y completo dominio, porque pienso
que, a pesar de que se pueda seleccionar, por ejemplo, el mejor juego didáctico
que ayude a motivar o complementar la teoría o práctica que se ha venido
desarrollando en las sesiones de clase previas, se hace más difícil que se
alcance la anhelada ‘apropiación de contenidos’ si no se tiene dominio básico
del lenguaje oral y corporal.
Esto, claro está, es aplicable para cualquier
educador, indistintamente el área del conocimiento que se aborda; pero hago
hincapié en la Matemática, por el hecho que es vital que se pueda hallar un
hilo conductor entre las acciones planificadas, realizadas y evaluadas durante
el acto didáctico que le permitan al estudiante tratar de descubrir cuál es la
finalidad de todo el tema o contenido del que se la ha hablado, no solo para el
momento, también para una proyección a futuro.
Puesto que, el fin último del docente de Matemática es
que el estudiante pueda fijar los saberes necesarios de esta indispensable
disciplina, y que cimentados los mismos, con ellos sea capaz de poder edificar
o crear basado en lo creado, en el área o disciplina que se
sienta pleno, con la aptitud y el deseo de aportar positivamente en el desarrollo
de la sociedad. Utilizar de manera sabia, madura y adaptable el universo de
saberes que, a lo largo de su vida académica, de su formación basada en la
educación integral, le hagan ser mejor de sí y modelo para las futuras
generaciones.


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